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Me llamo Tomás. Mi amigo Facundo y yo somos amantes de los videos de YouTube, ya sean de música, gameplays o películas. La mayoría de las veces que nos metemos en la computadora son sólo para ver vídeos y darles like o dislike; muchas veces en la escuela nos ponemos a hablar sobre eso, de novedades de canales o vete a saber qué más. Eso se ha acabado.

En un día nublado de invierno, yo estaba con abrigo yendo a su casa para sentarnos frente a la pantalla de la computadora a ver vídeos. Yo traía mis propios auriculares porque, si no, no tenemos manera de verlos juntos. Yo ya tenía pensado qué vídeos veríamos, incluso de qué canales. La pobre madre seguro estaría apenada (incluso enfadada) de que no invirtiéramos nuestro tiempo en hacer actividad física o estudiar, algo, en otras palabras, algo más productivo.

Apenas llegué, me limpié los zapatos en la alfombra de bienvenida y toqué a la puerta. Me atendió el mismo Facundo, ya que su mamá estaba acostumbrada a que él atendiera a su mejor amigo; entré y puse el abrigo en el perchero. Ni nos hablamos, era como si nos comunicáramos por telepatía, sabíamos las intenciones del otro, así que nos sentamos en las sillas, conectamos los auriculares y él tomó el mouse mientras yo presionaba las teclas.

Como si fuera un celular, apareció el típico anuncio de “Error de conexión”, algo raro en las computadoras. Usualmente si no había Internet se presentaba el cartel de “No se puede cargar la página web” o “Esta página web no está disponible”. El único vídeo disponible era uno que se titulaba "JAMÁS TOQUES ESTE VÍDEO". El que le puso ese título al vídeo cometió el más grande error de toda su vida, porque Facundo y yo somos probablemente los dos niños más curiosos (y quizá más estúpidos) de este planeta.

Apenas le dimos clic, apareció un vídeo con la pantalla en negro, sin siquiera sonido. Extrañados, pausamos pensando que era un error, y fuimos a la descripción. No había enlaces, no había saludos, sólo estas horribles palabras escritas en rojo:

“Todos moriremos, todos, todos moriremos”

Asustados, fuimos a los comentarios. No había ninguno, sólo uno del mismo creador del vídeo. Este decía exactamente lo mismo que la descripción, sólo con la diferencia de que las letras ya eran normales:

“Todos moriremos, todos, todos moriremos”

Ahora aterrados, fuimos de nuevo al vídeo. Apareció la imagen pausada, así que le dimos clic y empezó el vídeo. En él se mostraba un pasillo oscuro, adornado solamente con puertas blancas salpicadas de rojo; apoyada en una de ellas, una niña de unos once años lloraba cantando con una voz que parecía no ser humana la misma perturbadora canción de la descripción y de los comentarios:

“Todos moriremos, todos, todos moriremos

Él por ti vendrá, sin piedad te matará

Tus sesos te arrancará, tus ojos se comerá

Todos moriremos, todos, todos moriremos”

Al tipo que grababa el vídeo le tembló la mano, por eso se movió la cámara. La niña se dio cuenta, se paró y se dirigió lentamente hacia él, agitando sus negros cabellos y rengueando. Se puso a pocos centímetros de la cámara, y dijo a todos los que la estuvieran observando:

-Todos moriremos.

Se puso en actitud violenta, y dio un golpe fuerte al tipo de la cámara, que cayó al suelo. Aún grabando, el tipo sufrió los golpes, las mordidas, los rasguños y las patadas de la chica enloquecida; la cámara se salpicó de sangre y cayó al suelo, grabando a la niña arrancando la piel del estómago del hombre y devorando ansiosa sus tripas. Cuando terminó, tomó la cámara y apuntó a su cara, repitiendo sus palabras anteriores:

-Todos moriremos.

Arrojó la cámara contra el suelo y el vídeo terminó. Facundo me miró y yo a él, teníamos la misma expresión de aterrados y desconcertados. Estábamos sudando y temblando, a punto de sufrir un ataque de nervios; seguro en cualquier momento daríamos un grito y nos mataríamos de miedo mientras los demás trataban de consolarnos. Sin embargo, nuestros cuerpos no reaccionaban, sólo temblaban y sudaban.

-Tomás, ¿comprobamos de dónde viene esto?

-Estoy demasiado de acuerdo.

Decididos a llamar a la policía después de ver quién hizo este vídeo infernal, fuimos a la descripción y… los datos estaban en blanco. No tenía creador, ni likes ni dislikes, ni fecha de creación, ni nada. Era un vídeo fantasma. Por las dudas, apagamos la computadora. La encendimos de nuevo, abrimos YouTube, buscamos el vídeo “JAMÁS TOQUES ESTE VIDEO” y no hubo resultados; tomamos un martillo y aplastamos el monitor y la CPU de la computadora. Nunca volvimos a usar YouTube.

Cuatro años después, estoy yendo a casa de mi primo. Lo encuentro mirando el mismo vídeo, solo que ahora una niña bella y de cabellos negros se encuentra saliendo del monitor, ahogando a mi primo y volteando la cabeza hacia mí. Repite las antiguas palabras que aún se conservan muy frescas en mi memoria:

-Todos moriremos.


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