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Nota: la historia debe buscarse como "Murder Jack", su título original. Sin embargo, sepan que su verdadero título sería Jack Arsonist.

Jack no hizo nada para merecerse lo que le pasó. Nadie merece que le pase lo que a él le pasó. Porque actos inhumanos terminaron formando una criatura inhumana, sedienta de sangre. Es la historia de Jack, el asesino serial.

Prólogo: Lo que era antes Editar

Año 2062, luego de la Tercera Guerra Mundial, América Unida. Jack no tenía padres. Su madre murió en un robo y su padre se suicidó después de eso; su hermana pequeña era mentalmente inestable y se hallaba en un psiquiátrico. Él vivía con sus abuelos, en un departamento del centro. Iba a la escuela, tenía amigos, buenas calificaciones, una familia que lo quería, ¿qué más podía pedir?

Padres, eso era lo único que deseaba más que otra cosa en el mundo. Alguien que lo ayudara en las tareas, que le comprara cosas, alguien a quien abrazar; igualmente seguía fingiendo ser feliz con lo que tenía. Tenía novia, una chica llamada Elizabeth, la típica chica a la que todos quieren y que, justo al chico más popular de la escuela, le había tocado como novia. Lo cierto era que todos en su año le tenían celos, demasiado perfecto como para ser un chico común; empezaban a correr rumores de que era extraterrestre, o algo muy bizarro. ¿Tratos con el diablo? Sí, también habían personas que decían esas cosas.

Sus mejores amigos eran Kyle, un chico que sufría de bullying y que Jack venía ayudando desde pequeño; Henry, un estudiante un año menor que él pero con el que se llevaba perfecto; y, claro, su novia Elizabeth. Ella era hermosa, tenía el pelo castaño, ojos verdes y tez blanca, inteligente y amable con todos.

Jack era demasiado perfecto como para pertenecer a este mundo. Por eso, se desencadenaron los hechos que liberaron al monstruo que todos poseemos en nuestro interior; empezó a sufrir bullying, golpizas, e intimidamiento. Nada de esto le afectaba.

Quiero que lo sepan: esto no es parte de la historia, es una descripción de cómo era un asesino serial antes de serlo. Un chico como otros, un niño inocente al que le pasaron muchas cosas. Nadie, nadie, en este mundo, debería sufrir cosas como estas; pero las sufrió, y "el huevo roto no puede volverse a armar" dijo alguna vez cierta persona.

Aquí empieza la verdadera historia.

Parte 1: Cenizas y fuego Editar

Como siempre, Jack se encontraba estudiando en su habitación mientras pensaba en sus padres. El cuerpo de su madre se incendió, y su padre se suicidó armando una hoguera en su patio, a la que se arrojó. Su familia en cenizas.

Y él mientras tanto, estaba entre lenguas de fuego. Había sufrido bullying sin ninguna razón, ¿qué llevaba a los jóvenes a decirle niño mimado, alien, artista satánico? Nada, sólo los celos. Celos, de que las cosas le fueran bien, de tener una familia (lo que le quedaba) que lo quisiera.

Se le cruzaban por la mente pensamientos suicidas, pero el hecho de tener todo lo que podía pedir aparte de eso, lo alentaba a seguir con vida. Sin embargo, él ya hace rato no estaba del todo bien, mentalmente hablando; de vez en cuando cazaba ratas y las incendiaba vivas, o tomaba sus viejas pruebas y las prendía fuego. Se había obsesionado con el fuego, o más bien con la muerte de sus padres. Se durmió, y soñó dulcemente, pensando en una familia feliz, con Elizabeth junto a él. Se despertó sobresaltado, y se deprimió al ver que seguía en el mismo mundo; se puso una chaqueta y salió a caminar.

Vio dos hombres persiguiendo a una chica con cuchillos, y decidió alejarse para dejarla morir sin él interfiriendo. La depresión le nublaba la mente, y pensaba nada más en sus padres, nada fuera de lo común. Se encontró con una quema de hojas de otoño, y puso la mano sobre el fuego; el calor envolviéndole la piel se sentía bien, aunque dolía sólo un poquito. Agarró una hoja y la puso sobre las llamas: observó cómo se chamuscaba y pensó cómo se verían las demás personas del mundo retorciéndose y ennegreciéndose de esa manera. Era lindo para él.

Cenizas y fuego, era lo que más le gustaba. Ver a todo a su alrededor arder, era lo que quería; fuego, fuego, fuego y fuego por todos lados era lo que deseaba... ¿su sueño se podría cumplir? Claro que sí, lo convertiría en realidad.

Agarró un encendedor de su bolsillo y prendió fuego el césped de una casa cercana; las llamas inundaron las verdes hojas y las transformaron en negras y amarillas, poco a poco. Elizabeth lo vio, y salió corriendo. Jack también logró visualizarla, y la alcanzó en pocos segundos, la tomó de la mano y la arrojó contra una pared.

-¿Qué pasa? ¿No te gusta ver todo arder?

-No, ¡eres todo un psicópata! ¡Igual que la p***a de tu hermana!

-¡¡¡No te atrevas a mencionarla, zorra!!!

Tomó el encendedor entre sus dedos y lo levantó en forma de amenaza.

-Tú no contarás nada, ¿entendido?

-S-Sí, pero... por favor... n-no me ha-a-agas daño.

-Vete.

La niña echó a correr y se alejó lo más rápido que pudo de aquel lugar. Jack, por su parte, estaba gozando del espectáculo llameante presente en el barrio; ver todo arder era como un recuerdo feliz, una sensación placentera. No era el mismo Jack de antes. Él no se hubiera atrevido a quemar ni un papel. Éste no era Jack. El niño de antes, el amable Jack, ya no existía.

¿Vería Jack... no... ese monstruo, el mundo de la misma manera después del placer que sintió al encender la casa?

Parte 2: Todos ustedes morirán Editar

La lluvia se le escurría entre los cabellos y apagaba poco a poco la llama que tenía entre los dedos.

-Maldita lluvia...

Intentó por todos los medios posibles volver a encender el fuego, pero le fue imposible. Decepcionado, el niño se dirigió de vuelta a su casa, mientras pensaba en sus padres... Ellos... seguramente lo estaban esperando en casa, para abrazarlo y besarlo. También pensó en su novia, y en lo mucho que la quería. Ella, lamentablemente, no era digna de él; nadie era digno del autodenominado "Dios del Fuego".

Eso pensaba Jack, mientras arrastraba los pies sobre las baldosas mojadas y miraba hacia abajo. La lluvia no le permitía encender ningún fósforo, ni una mísera llama para quemarse las puntas de los dedos; pensó en una película que había visto no hace mucho sobre vampiros, vampiros de enormes bocas y aún más grandes colmillos. Entonces, apenas se secó los pies en el departamento que ocupaba, tomó la vieja máquina de coser de su abuela, unas cuantas telas negras y blancas, y se fue a su cuarto. Luego de unas cuantas horas de usar la máquina sin saber hacerlo, su obra maestra estuvo terminada:

Era una máscara. Cubría sólo media cara, dejando al descubierto las orejas, los ojos y parte de la nariz. Era negra, con una enorme boca larga y afilados dientes blancos en ella; era preciosa para una fiesta de disfraces... o para lo que él tenía planeado.

Se la probó frente a su espejo, le quedaba perfecta. Buscando entre su ropa, halló una chaqueta negra vieja con capucha, una camisa roja, unos pantalones negros y zapatillas negras manchadas; esa ropa usaría. Una vez más se miró al espejo, ya con esos ropajes puestos, y en vez de ver a un niño común y corriente vio la imagen de un asesino que podías encontrar por la calle, pero con un toque... especial... loco... ¡ardiente! La camisa roja le recordaba al fuego, y el resto de su ropa, a lo negro de lo quemado y las cenizas. No podía salir así por la puerta, sus abuelos lo verían. Recordó cómo trepaba en las clases de gimnasia, las escasas clases de parkour a las que había asistido, y cómo escalaba cuando era niño por las paredes de su casa. Así, con todos los transeúntes observándolo desde abajo, descendió por las angostas cornisas y las peligrosas grietas y huecos, hacia el techo ajeno más cercano. Cuando se encontró ya (un poco) seguro en una superficie, corrió y corrió hasta llegar a el borde de ésta, desde donde saltó hacia otra, y otra, y otra.

Al final, acabó en el piso, con un alargado trozo de metal oxidado atravesándole el brazo izquierdo mientras salía sangra a chorros. Cortó una parte de su propia camisa, y la ató alrededor de la herida a modo de vendajes; ya más recuperado, prosiguió a buscar algún caminante solitario y descuidado al que pudiera atrapar, quemar, asesinar, y más quemar.

Y así sucedió.

Sin mirar muy bien de quién se trataba, tomó por el cuello y tapó la boca a una chica que pasaba por allí, y la arrastró a las profundidades del callejón donde cayó. Tomó el pedazo de metal que había conservado en su bolsillo, y lo enterró hasta el fondo en las piernas de la chica; ella gritaba desesperadamente, suplicando por su vida, pero él no le hizo caso. Le soltó la boca, y ella habló:

-¡¿Por qué me... ack... haces esto?!

-¿Sabes qué es lo peor de lo que te está pasando?

-¡¿Qué?!

Le acerco su ficticia boca al oído de la niña, y pronunció lenta y silenciosamente:

-Que no tengo una razón para hacerlo. Todos... ustedes... morirán...

Tapó nuevamente la boca de la chica, y tomó lo que pudo para dejarla en el suelo. En un brazo clavó un trozo de metal, en el otro un vidrio, en una pierna un palo roto, y en al otra nuevamente un vidrio; la boca estaba tapada y asegurada. Entonces, "toca toca, la suerte es loca".

Jack arrojó un fósforo sobre el cabello de la pobre.

Parte 3: Calma temporal Editar

En las noticias habituales que pasaban por la televisión transmitieron un mensaje de última hora: "Niña mutilada y quemada".

-Je, je, je, pobre de ella.

Eso dijo Jack, con una sonrisa casi tan larga como la de su máscara, mientras recordaba las llamas envolviendo lentamente a la chica, con ella gritando. El hombre en la pantalla continuaba hablando:

-La víctima se llama Elizabeth, cuyo apellido no vamos a revelar...

-¡¿Qué?! -exclamó sobresaltado Jack.

-Asistía a la Escuela Nacional N°63 de América Unida...

-¡¿Qué?! -repitió Jack.

-Su descripción física es: cabello marrón, ojos verdes y piel blanca... El asesino sigue suelto.

La desesperación inundaba en corazón de Jack. Él había matado a su novia, Elizabeth, sin darse cuenta; no se había fijado en los rasgos de la niña que atacó en la calle, y ahora... su novia estaba muerta. Un sentimiento que no se podía describir, mezcla de miedo, enojo y pavor, habitaba ahora en él. Corrió, se chocó, resbaló, tropezó, hasta llegar a su cuarto donde se encerró todo el día, en un estado parecido al shock. No podía pensar en nada. Simplemente, quieto y sin siquiera parpadear.

Así pasó varias noches. Ojeras enormes se formaron alrededor de sus ojos, y no se daba cuenta. No asistía a la escuela. Nada.

Sus abuelos estaban preocupados; el psicólogo había ido varias veces a la casa de Jack, pero él no mostraba comunicación, ni siquiera se molestaba en mirar al hombre. El tipo recomendó que lo dejaran solo, que sólo así se iba a reponer. Tras dos semanas, pudo parpadear siquiera, y posó sus ojos sobre un ente que sólo él podía ver; poco a poco recorrió la habitación con una mirada, y observaba las sábanas en las que estaba envuelto. Un dedo corrió las mantas hacia un costado y sus piernas se voltearon hacia la izquierda, los pies se apoyaron en el piso. Una vez que adquirió la posibilidad de pensar o recordar algo, pensó en lo que había hecho, en cómo asesinó a la persona más importante de su vida; por una vez pensó en volver a ser lo que era, simulando que nada había pasado, como si Elizabeth nunca hubiera existido.

Como si nunca, nada, hubiera alterado la calma. Pero este cambio, sólo sería temporal.

Aunque ya se movía, hablaba, y recorría el departamento realizando las cosas habituales, seguía sin asistir a la escuela. No deseaba hacerlo. Quería simplemente quedarse solo, pensando, pensando... Pero al final, sin importar lo que él quisiese, ir al colegio es una obligación; el lunes se preparó para volver a la escuela, y así fue. Todos lo trataron con amabilidad, pues ya sabían lo que había sucedido y obviamente suponían que estaría devastado; él respondió con un mísero "gracias" a toda consolación que le ofrecieran, pero no le importaba en lo más mínimo.

Miraba alrededor casi sin hacerlo: veía con ojos físicos algo que no era físico. Podía observar recuerdos, de la niña de cabello castaño, caminando por los pasillos; su hermosa sonrisa, brillante, resaltaba entre todo lo que se podía encontrar en la escuela. La depresión seguía habitando tercamente en él. Una voz chillona, muy familiar, lo atrajo de nuevo al mundo real.

-Jack. Jack. ¡Jack!

-¡¿Qué m**rda te pasa?!

El niño se alejó un poco de él.

-Ah, eres tú, Kyle.

-¿Te encuentras bien?

-Sí, entenderás que esté triste por el... incidente...

-Sólo finge que jamás has conocido a Elizabeth.

-¿Quién?

-Hablo de Elizabeth, tu novia.

-¿Quién es Elizabeth? Yo no conozco a nadie con ese nombre.

En los ojos de Jack podía verse la locura presente desde tiempos inmemorables para él. Un brillo desconocido se posaba sobre sus pupilas. Todos lo sabían. Jack ya no era la misma persona.

-Entiendo. No pasa nada, era una ilusión mía. ¡Nos vemos!

-Okey, nos vemos...

Jack, cuando dijo "incidente", ya no se refería a Elizabeth. Incluso en lo más profundo de su mente y corazón, la había olvidado; había decidido hacerlo. Él creía que todos hablaban sobre la muerte de sus padres. La calma se estableció en la ciudad, pero...

Sólo era una calma temporal.

Parte 4: Final, comienzo Editar

Vida.

Esa era una sensación muy lejana para Jack, que estaba siendo atravesado por cinco cuchillos: cuatro en su cuerpo, uno en su mente. Sentía cómo se rompía, cómo los recuerdos y pensamientos se mezclaban, mientras era asesinado en plena calle; un ladrón común y corriente había logrado matar al Arsonist, apodado así por los habitantes del barrio. Y él, que había deseado hace mucho tiempo morir entre llamas, en una hoguera, como su padre. Su deseo no se había cumplido, y nunca se cumpliría; la vida y la energía abandonaban a Jack poco a poco, lenta y dolorosamente, y unas pequeñas pero brillantes lágrimas se escaparon entre sus ojos. Jack... estaba muerto.

Una sensación de sueño recorría el cuello de Jack. ¿Qué hacía ahí, sentado en su cama cuando debería hallarse en un cementerio, rodeado de nuevos compañeros de sueño eterno? No lo sabía, no deseaba saberlo. Pero podía mirar las cuatro heridas en el área del corazón, el estómago, los pulmones y la mano izquierda; no dolía, simplemente era como si no estuvieran, como si no le hubiera sucedido nada.

Recorrió poco a poco la habitación, y la halló vacía. Ni ropa, ni computadora, ni armario, ni patineta, nada. Todo lo que le había pertenecido alguna vez no estaba, sólo la cama, que siempre fue de sus abuelos; encontró, escondida en un rincón, bajo una tabla suelta, su máscara. Los perturbadores colmillos de ésta le recordaban a tiempos más felices, cuando vio la película frente a sus abuelos y se abrazaba a ellos para no tener miedo. Una pizca de humanidad se conservaba bien entre los sentimientos de furia, odio y locura de Jack.

Es cierto que dije humanidad, pero... ¿él, aún era humano?

Un flashback se unió a sus pensamientos. Muerte. Fuego. Elizabeth. Lentamente deletreó cosas incomprensibles pero seguramente relacionadas con eso. Con miedo a que lo vieran con esa máscara puesta, tomó el pomo de la puerta desgastada y la abrió; allí, en el salón y sentados en el salón, se encontraban sus abuelos, viendo la misma película en la que se inspiró para crear su máscara. Se les notaba felices, y un niño pequeño estaba entre ellos, de pelo negro y evidentes escasos años de vida. Jack comprendió la situación de inmediato: lo habían olvidado. Esos dos ancianos que habían prometido hace mucho tiempo que se quedarían por siempre junto a su nieto ahora abrazaban a otro, ofrecían el calor de una familia a alguien que no era él; llorando en silencio, se escabulló entre los muebles hacia la cocina, donde tomó el cuchillo más grande que encontró. No era un cuchillo en realidad, era un machete antiguo que se había conservado para estupideces de cocina.

En el salón, el niño observaba ansioso el momento de la película donde aparecían los vampiros, cuando una hoja plateada muy bien afilada atravesó despacio la cabeza del hombre a su derecha, y pudo contemplar cómo los cabellos grises y blancos de la mujer a su izquierda se incendiaban, dando lugar a quemaduras graves que acabaron en su muerte inmediata. El pequeño no atinó a nada, y tanto un machete como un puño fuertemente cerrado emergieron sorpresivamente de su cuerpo; volteó la cabeza, y vio una horrible máscara negra con colmillos y unos ojos que presentaban una locura nunca antes vista.

Sólo puso una mueca de horror y desesperación, y la muerte de repente ahogó su grito.

A todos, Jack los apiló junto a su cama en el cuarto que antes ocupaba. Buscó en la casa una botella de alcohol, y roció los cuerpos y la alfombra con el líquido; arrojó un fósforo, y se quedó parado en la habitación, para morir con ellos. Luego de varias horas, seguía llorando desconsoladamente, al darse cuenta de que aún estaba de pie. No podía morir. Él era un fantasma.

Epílogo: Final, comienzo II Editar

Hoy, deberías tratar de no pasarte por aquella zona donde vivía ese chico lleno de vida llamado Jack. Es un barrio maldito. Tiene la muerte sembrada por todos lados, y en las casas únicamente podrás encontrar cadáveres y sangre; el fantasma del niño, quizá, actualmente siga rondando por allí. Aún no sabes del todo quién es Jack Arsonist.

Jack Arsonist es tanto un fantasma como un asesino. Rondará por allí eternamente, aunque de vez en cuando sale a buscar víctimas. Nadie, nunca, estará seguro. Él lo puede todo; puede observarte mientras duermes e incinerarte, puede simplemente atravesarte el corazón con su machete, y luego comérselo bien cocido. Está loco. Es un asesino. Y, también, aún no sabes del todo quién está narrando esta historia, ¿verdad?

Jack Arsonist es el que cuenta su propia historia. Sólo él puede hacerlo, ¿no? Ahora, puedes tener por asegurado que vendrá por ti. IRÉ por ti. YO soy Jack Arsonist; yo soy todopoderoso. Me reiré de ti en silencio, te observaré, te perturbaré, te destriparé, te quemaré, haré todo lo posible para que sufras; yo siempre quise morir quemado.

Y, como no pude cumplir mi deseo, lo realizaré contigo.


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